Cinco de cada 100 pacientes con hepatitis reciben tratamiento

En Argentina, se ha avanzado en la prevención de la hepatitis B a través de la vacunación, pero existe una gran deuda con la C, que se estima que la padecen cerca de 400 mil argentinos. La mayoría no lo sabe y sólo unos pocos son tratados.

VIERNES 10 DE MARZO DE 2017 . 8:00

(Foto: Gentileza).

 

Las hepatitis virales representan un problema de salud pública a nivel mundial. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha tomado el tema como prioritario y los países están trabajando con el ambicioso objetivo de erradicarlas para el año 2030.

En ese contexto, la Organización Panamericana de la Salud acaba de publicar un informe titulado ‘Las hepatitis B y C bajo la lupa. La respuesta de salud pública en la Región de las Américas’, adonde establece el estado de situación y detalla lo que los países están haciendo al respecto. La Asociación Buena Vida, integrada por pacientes con enfermedades hepáticas, remarca que en nuestro país es mucho lo que tenemos por delante para lograr erradicar estos flagelos.

En la introducción del informe de la OPS, Carissa Etienne, Directora de la Organización Panamericana de la Salud, estableció que los datos probatorios indican que “las hepatitis virales son una causa importante de morbilidad y mortalidad en nuestra región y que, a diferencia de la carga de otras enfermedades transmisibles, que ha disminuido en el último decenio, la carga de las hepatitis virales ha aumentado”.

En línea con este punto, Rubén Cantelmi, paciente curado de hepatitis C y presidente de la Asociación Buena Vida, especificó que “el impacto de enfermedades como la tuberculosis o el HIV se ha ido reduciendo, pero las hepatitis siguen al acecho, dañando silenciosamente los hígados de cientos de miles de individuos”.

Según detalla el informe de la OPS, en todo el continente americano, cerca de unas 7,2 millones de personas padecen hepatitis C y sólo en América Latina y el Caribe, unas 4,1 millones presentan esta enfermedad. Se calcula que sólo alrededor del 25% de quienes padecen esta infección en el continente americano han sido diagnosticados (porcentaje que disminuye a 14% en América Latina y el Caribe) y se desconoce el número de personas que conocen su estado y están vinculadas eficazmente con los servicios de atención.

En el 2016, unos 301.000 habitantes de la región recibieron tratamiento para la hepatitis C, lo que equivale al 16% de la población diagnosticada, porcentaje que disminuye al 5% en América Latina y el Caribe.

Aunque reconoció los grandes esfuerzos que nuestro país ha realizado en materia de prevención del virus de la hepatitis B, a través de la inclusión de la vacuna en el calendario obligatorio, Cantelmi sugirió que la hepatitis C sigue sin ser abordada de manera eficiente. Explicó que “en Argentina, de momento, sólo están recibiendo tratamientos curativos los pacientes críticos, que ya presentan compromiso severo de su hígado y cirrosis avanzada. Se curan la hepatitis, pero estamos llegando demasiado tarde. Tenemos que lograr que accedan a los medicamentos nuevos los pacientes que están en las primeras etapas de su enfermedad, antes de que avance, para que se curen y puedan vivir normalmente el resto de sus vidas”.

La cirrosis no es la única complicación posible para el paciente con hepatitis avanzada. Las infecciones crónicas por el VHB o el VHC son el factor de riesgo más común de carcinoma hepatocelular, que se calcula representa el 80% de los cánceres hepáticos primarios en el mundo2. En una revisión sistemática del 2015 que evaluó la contribución del VHB y el VHC a este tipo de cáncer en todo el mundo, el 60% de los casos de carcinoma hepatocelular se atribuyeron a las infecciones por estos virus.

La cura: lo que hay y lo que viene

El virus de la hepatitis es difícil de erradicar. Hasta hace muy poco, el tratamiento era muy prolongado y a base de una droga llamada interferón, que presentaba efectos adversos devastadores y curaba a solamente un 30 o 40 por ciento de los pacientes. Eso desanimaba a muchos, que al no curarse, desistían y directamente no reintentaban ni buscaban más opciones.

Hace alrededor de 2 años, se aprobaron en nuestro país distintos tratamientos que curan a más del 95 de los pacientes, incluidos los más severos con cirrosis avanzada y trasplante hepático, y tomando un comprimido durante 3 o 6 meses, sin efectos adversos considerables. Esto cambió radicalmente la historia de la enfermedad.

“Los pacientes con hepatitis hoy sabemos que vivimos justo en la era de la revolución de los tratamientos para esta condición. Desde la penicilina y la vacuna contra la poliomielitis, no se habían logrado semejantes logros en materia de tratamientos curativos para una enfermedad tan prevalente. Somos unos afortunados de vivir esta época, y somos conscientes de que muchísimos pacientes fallecieron esperando que llegaran estas medicaciones. Por eso, se vuelve tan necesario que trabajemos para que todo aquel que las necesite, las reciba”, agregó Nélida Szarfsztejn, paciente curada de hepatitis C y Coordinadora de Grupos en Buena Vida.

El virus de la hepatitis C no es un solo virus, sino que tiene distintas variantes, llamadas genotipos, y hasta ahora los antivirales habían demostrado ser sumamente efectivos para algunos genotipos específicos del virus, los más frecuentes (genotipo 1 y genotipo 4).

Afortunadamente, la investigación en esta área continuó y se espera para el futuro cercano una nueva generación de drogas para la hepatitis C, que cura en menos tiempo (8 semanas) y son las que se conocen como ‘drogas pangenotípicas’, capaces de erradicar el virus, cualquiera sea su genotipo.

A una de las combinaciones de drogas, que demostró eficacia para los genotipos 1, 2, 3, 4, 5 y 6, y en poblaciones especiales, las autoridades regulatorias de los Estados Unidos ya le han otorgado ‘revisión prioritaria’, por su potencial de ofrecer una mejora significativa a lo que ya está disponible, y se espera que sea aprobada en los próximos meses.

Además de contar con mejores medicaciones y a las que todos podamos acceder, es importante que como país llevemos adelante una concreta estrategia de detección de casos, dado el elevadísimo subdiagnóstico actual. La gran mayoría de los pacientes no saben que lo son.

En este punto, según enfatizó Nelida Szarfsztejn, el compromiso es de todos: “cada adulto debería realizarse al menos una vez en la vida el test de la hepatitis para descartar que porte el virus. Creemos que no nos expusimos nunca a situaciones de riesgo, pero no podemos saber a ciencia cierta si todos los materiales hospitalarios u odontológicos estaban adecuadamente esterilizados cuando nos hicieron tal intervención o tratamiento. Décadas atrás, cuando no se conocía el virus, no se tomaban todas las medidas que se toman hoy. Cualquiera pudo haberse contagiado y tener el virus alojado en su hígado, dañándolo silenciosamente en el tiempo”.

Uniendo esfuerzos hacia una Federación

Cada vez son más los grupos y las asociaciones, de distintos puntos del país, que trabajan para acompañar a los pacientes con diagnóstico de enfermedades hepáticas.

Entendiendo la conveniencia de reunirse, de intercambiar experiencias y aprendizajes, de generar sinergias en la utilización de recursos y amplificar su voz a lo largo y a lo ancho de toda la Argentina, 7 organizaciones, incluida la Asociación Buena Vida, han comenzado a trabajar mancomunadamente para la creación de la Federación Argentina de Lucha contra las Hepatitis Virales.

“Tenemos el anhelo de ser escuchados como Federación por las autoridades competentes, de manera de poder incidir en el diseño y la implementación de políticas públicas para el diagnóstico y el tratamiento de las hepatitis. La voz de los pacientes debe estar presente en esas discusiones. Tenemos la convicción de que lo lograremos”, refirió Rubén Cantelmi.

Los 7 grupos y asociaciones que hoy son parte de la iniciativa son de Buenos Aires, Córdoba, Jujuy, La Plata, Mar del Plata, San Luis y Santa Fe, pero invitan a todos aquellos que quieran sumarse para seguir trabajando en conjunto, de la manera más representativa posible, siempre con el objetivo claro de ayudar a los pacientes con hepatitis.