Cada vez más casos de cáncer por hígado graso

En 2030, el hígado graso no alcohólico causará más cáncer de hígado que la hepatitis. A nivel mundial se estima que el 20% de la población adulta lo padece. Síntomas a tener en cuenta.

LUNES 12 DE MARZO DE 2018 | 8:00

(Foto: Este Online).

 

El hígado graso no alcohólico encendió una luz de alerta en los consultorios médicos. A nivel mundial se estima que el 20% de la población adulta lo padece y se detectan 700 mil nuevos casos por año. Y entre ellos, uno de cada 4 presenta además una inflamación crónica que podría derivar en cirrosis o cáncer de hígado. 

“En 2030 el hígado graso causará más cáncer de hígado que la hepatitis. Aunque en Argentina no contamos con registros, los modelos matemáticos aplicados a la incidendencia actual hacen prever para el futuro cercano un aumento de casos diez veces mayor que hace quince años”, señalan desde la Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado (AAEEH).

Hoy la gran mayoría de quienes reciben diagnóstico de hepatocarcinoma, que es el tipo de cáncer de hígado más frecuente en adultos, son pacientes con hepatitis B y C crónicas y cirrosis alcohólica descompensada. El doctor Marcelo Silva manifestó que “es indispensable detectar a tiempo a estos pacientes, antes de que desarrollen cáncer, porque cuando el tumor es diagnosticado precozmente tienen muy buenas chances de curarse. Por lo contrario, cuando su detección es tardía, los tratamientos no son curativos sino paliativos”.

Sin embargo, agregó el especialista, un nuevo factor asoma como desencadenante de la cirrosis y el cáncer y en la actualidad representa uno de los principales motivos de consulta: “es la esteatosis hepática, más conocida como hígado graso no alcohólico, que consiste en el depósito de grasa en este órgano vital, producto del sobrepeso, la obesidad, la diabetes y la vida sedentaria”.

En nuestro país, no contamos con registros, pero aplicando modelos matemáticos de incidencia, se espera para el futuro cercano un incremento de casos de cáncer de hígado por hígado graso 10 veces por encima de los datos de hace 15 años. Según estadísticas internacionales, afectaría a 2 ó 3 de cada 10 adultos y a entre el 3 y el 10 por ciento de los niños.

El doctor Ezequiel Ridruejo remarcó que “como el futuro de las hepatitis es auspicioso, se podía pensar en menos cirrosis y menos cáncer de hígado para los próximos años. Sin embargo, el crecimiento del hígado graso nos da la pauta de que no habrá menos enfermedad oncológica en el hígado y, lo que es peor, que es factible que lleguemos tarde, porque no se dará en pacientes hepáticos, que son a los que le monitoreamos el hígado con frecuencia”.

“Al igual que en muchas otras enfermedades oncológicas, la detección a tiempo ofrece elevadas tasas de curación. Pero, lamentablemente, tendemos a llegar tarde, porque las enfermedades del hígado rara vez dan señales que permitan al paciente sospechar su desarrollo y realizar una consulta con el especialista”, sostuvo el médico hepatólogo Manuel Mendizabal.

Los pacientes con riesgo cardiometabólico aumentado suelen ser seguidos por el clínico, el cardiólogo, el endocrinólogo o diabetólogo e inclusive el nutricionista. Como comunidad médica, agregó Silva, “tenemos el desafío de elevar el nivel de alerta de estas especialidades para que tengan presente la importancia de monitorear el estado de salud del hígado y de trabajar en forma multidisciplinaria cuando sea necesario”.

Enfermedades con impacto sistémico

Aunque cuesta combatirlos, la comunidad distingue que el sobrepeso, la obesidad y la vida sedentaria ocasionan un grave impacto a nivel cardiometabólico, aumentando riesgo de diabetes tipo II y de enfermedad cardiovascular. Lo que pocos saben, sugirió Silva, es cómo silenciosa y lentamente “elevan el riesgo de depósito de grasa en el hígado, que es un órgano muy noble y que se queja poco, pero que cuando se daña impacta severamente en la salud”.

Por eso, sugirió Ridruejo, “debemos comenzar a interpretar los factores de riesgo y las enfermedades que se desarrollan como entidades sistémicas, con consecuencias en todo el organismo. En algún punto es otra mirada de la medicina, pero es la que necesitamos para ayudar mejor a los pacientes”.

Algunos factores que aumentan el riesgo de hígado graso son el sobrepeso y obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, el colesterol y los triglicéridos elevados y la hipertensión arterial. Habría otros factores de riesgo adicionales como una rápida pérdida de peso y malas dietas, cirugía de derivación gástrica, enfermedad intestinal y algunos medicamentos como bloqueadores de los canales de calcio y algunos oncológicos.

Aunque la mayoría de las veces no da síntomas, personas con hígado graso podrían presentar: fatiga y debilidad, dolor en la parte superior derecha del abdomen, pérdida de apetito, nauseas, piel amarillenta, picazón, hinchazón en piernas y abdomen, confusión y sangrado gastrointestinal.

Se puede detectar a través de exámenes de rutina que evalúan cómo está funcionando el hígado y una simple ecografía. Como complemento, el profesional de la salud podría solicitar estudios más complejos como elastografía, resonancia magnética o tomografía y, para confirmar el diagnóstico, eventualmente realizar una biopsia hepática.