Cumplió 100 años y los festejó rodeada del amor de su familia

La abuela centenaria se llama Erminia Costarelli y vive en Rivadavia. Asegura que la mejor medicina para mantenerse lúcida y activa es el afecto de su familia, los chequeos médicos periódicos y la buena alimentación.

DOMINGO 1 DE MAYO DE 2016 . 6:59

Erminia preparando su especialidad: las pastas caseras.

 
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Por Javier Disparti

La sabiduría también viene con los años y son los adultos mayores los herederos de un capital social que el resto de los integrantes de la comunidad deben cuidar como un valioso tesoro, en medio de una sociedad cada vez más propensa al descarte. 

Esta introducción viene al caso porque la siguiente historia de vida da cuentas de todo el ejemplo de una familia que celebró con alegría los 100 años de vida que cumplió Erminia Costarelli, el pasado 25 de abril en el departamento de Rivadavia.

La centenaria mujer nació en 1916 en el distrito La Reducción. Es hija de inmigrantes italianos, Doménico y María Felicci, quienes a principios del siglo pasado desembarcaron en nuestro país dejando atrás su Cupramontana natal, ubicada en la provincia de Ancona.

“He llevado una vida siempre trabajando. Supe disfrutar de los buenos momentos, pese a los malos que, como todo el mundo, tuve que vivir”, recordó Erminia, quien nos recibió en su vivienda ubicada en la calle Wenceslao Núñez, de la ciudad de Rivadavia. 

Hoy, a sus 100 años, tiene dificultades para caminar, escuchar y también en la vista. Sin embargo, según cuentan sus hijas, Erminia hace gala de su lucidez y por mantenerse activa a pesar de sus problemas físicos. “Estoy muy contenta por todo lo que Dios me regaló en la vida y estar rodeada del amor de mi familia”, comentó la coqueta abuela a Este Online.

Erminia se destaca por tejer a crochet y por sus comidas caseras, sobre todo las pastas, especialidad que heredó de su madre italiana. Es, además, una lectora irredenta de todo lo que llega a sus manos, desde libros y revistas hasta la rutina irrenunciable de leer el diario Los Andes, página por página.

De su tierna infancia recuerda la enseñanza que recibió en la escuela primaria Bautista Gargantini y su vida en el campo junto a sus padres en la localidad Los Campamentos. Allí, en una finca de 21 hectáreas, aprendió a cosechar uva junto a sus hermanos.

Tras fallecer su padre, en un accidente de trabajo ocurrido en 1937, tuvo que dedicarse a trabajar en la Bodega Gargantini. A los dos años de aquel trágico hecho, Erminia contrajo matrimonio con Cayetano, con quien tuvo cuatro hijos: Roberto, Rosa María, Nilda y Elio.

“Mamá representa para nosotras el centro de unión de toda la familia. El rol materno lo ejerce en todo momento”, expresaron sus hijas. Hace unos años se operó de catarata y tiene un marcapasos. A pesar de esto, su médico de cabecera admira los resultados de los análisis, que no guardan ninguna relación con su edad.



La fiesta de cumpleaños se realizó en la casa de Erminia, en medio de la alegría de su familia. En la celebración especial estuvieron presentes sus hijos, sus nueve nietos, sus catorce bisnietos y su tataranieta. Las visitas continuaron al día siguiente, cuando amigos y vecinos también se acercaron a saludarla.

“Cada cumpleaños que pasamos con ella es un regalo y lo celebramos con alegría y agradecimiento. Le damos las gracias a Dios por permitirnos disfrutar de nuestra madre hasta esta edad. Es una bendición”, agradeció Nilda, quien vive junto a su madre tras el fallecimiento de Cayetano en 1981.

Sobre cuál es el secreto de haber llegado a los 100 años, sus hijas destacaron la buena alimentación y los chequeos médicos periódicos. “Pero lo mejor de todo, la mayor medicina es el afecto, el cariño y el amor. Es una persona muy querida por toda la familia y también por sus vecinos”, indicaron Nilda y Rosa.