El psicoanálisis en los tiempos actuales desde la intercomunicación
Entender el entorno actual nos permite contemplar la posibilidad de injerencia del trabajo clínico desde los dispositivos electrónicos. Los avances tecnológicos crean un nuevo abordaje terapéutico.
 
Por Angélica Venier
10 de marzo de 2024
Crédito: Gentileza.
 

A la hora de hablar de intervención clínica, en función de los tiempos actuales y los cambios que se han suscitado en la contemporaneidad, se puede advertir una nueva dinámica social que eventualmente modifica de alguna forma el modo clásico de conectarse con los otros.

No son ajenas a estos cambios las nuevas formas de terapia. Entender el entorno actual nos permite contemplar la posibilidad de injerencia del trabajo clínico desde los dispositivos electrónicos. Dentro del marco de análisis, los avances tecnológicos crean un nuevo abordaje terapéutico. Se manifiesta este fenómeno y el impacto subjetivo frente al trabajo virtual.

Aquello considerado como poco posible en el espacio clínico, comienza a ganar familiaridad en la actualidad. Dos espacios diferentes pueden en el mismo momento vivir la misma experiencia. La conectividad permite acercar lazos y distancias a puntos comunes. Se tiene en consideración entonces al psicoanálisis desde las nuevas variables de trabajo y desde el plano de las nuevas tecnologías.

Desde este enfoque terapéutico, la presencia del cuerpo es importante. El diálogo analítico enfrenta ahora un nuevo desafío: su despliegue a través de estas nuevas formas de comunicación. A su vez, cabe remarcar, también la importancia de la relación con la voz y la presencia notoria de la pulsión invocante respecto de su aplicación en ámbitos tecnológicos. Este punto no es nada menor, ya que el soporte de la voz puede dar lugar a diferentes configuraciones en el plano transferencial.

Por su parte, las limitaciones que se producen en cuanto a la presencia física, no hacen imposible que pueda llevarse a cabo el psicoanálisis. Será trabajo del analista saber hacer y adecuar las formas de introducir su presencia.

La construcción del trabajo en sesión se sostiene sobre la base del vínculo que se establece en la terapia. Desde allí, el trabajo gira entorno a la interpretación, en obediencia a las hipótesis del caso y en presencia del acto analítico.

Frente a la pregunta si es posible establecerlo como tal, dentro del plano de los nuevos tiempos y de los medios digitales, es importante destacar que independientemente de los medios para tal fin, el acto analítico en sí, es producto sobre todo de la transferencia.

En función de lo marcado, el vínculo transferencial se produce en la experiencia misma, única y singular de la relación dialéctica entre dos personas. Por lo tanto, la posibilidad de la “instalación de dispositivo analítico” merece una valoración.

La presencia de los elementos puestos en juego durante el proceso, definen el acto analítico propiamente dicho. Si un analista puede ir pensando y capturando los mensajes, tanto conscientes e inconscientes de su paciente, a través de la escucha con atención flotante, y advertir elementos propios del análisis, puede estar habilitado para hacerlo también desde algún medio tecnológico.

Interpretar la transferencia toma su sentido respecto al momento dialéctico en el cual se produce: “No hay análisis sin analista”. De esta manera, el acercamiento a la experiencia de análisis desde estos nuevos planos dependerá de lo planteado anteriormente. Se reconocerán aquí las limitaciones o alcances pertinentes.

Por otro lado, vale aclarar que no se trata de hacer un forzamiento para que el psicoanálisis “encaje” dentro de una circunstancia determinada y particular. El acto analítico no se basa en la sugestión, ni en el esclarecimiento desde la consciencia, ni en la interpretación grosera, como así tampoco en la pedagogización del mismo o la argumentación para acomodar las piezas como en un rompecabezas.

Es más bien advertir sobre aquello que retorna de lo reprimido a la conciencia. Hacer eco del mensaje y de la función del inconsciente, teniendo en cuenta los tiempos lógicos del proceso. Eso por añadidura, conduce a la cura.

Porque la experiencia propia del psicoanálisis y la dimensión que enmarca dicha teoría, no es algo sencillo. Hay algo que es, más allá de la interpretación, del sentido y del significado. Algo del orden de la resonancia, de eso desconocido por nosotros mismos. Y ahí, en sus inicios, radica el método freudiano.

El reto entonces radica en poder acoplar al psicoanálisis a los nuevos tiempos, las nuevas circunstancias, las nuevas modalidades de trabajo y los nuevos escenarios.

Desde mi punto de vista y percepción, observo el detrimento del psicoanálisis en el intento de ajustarlo al avance de las coyunturas temporales, bajo la amenaza de su ruina, en tanto no adhiera a este imperativo de adaptabilidad.

Lo cierto es que en estas épocas existe una expectativa de celeridad, de solución inmediata ante lo que aqueja. Y en cierta medida, a los fines del psicoanálisis, este imperativo va en contrasentido de su propuesta terapéutica.

Cuando alguien decide iniciar terapia, desde los lineamientos propios del psicoanálisis, debe contemplar esta cuestión. Pero, a su vez, saber que el psicoanálisis tiene como eje central la pregunta por lo auténtico de cada ser. Busca responder la pregunta ante lo propio de sí mismo. Ello sin duda conduce a un tiempo lógico para que esta respuesta emerja, independientemente del apuro de la época. Y, en este sentido, hay que remarcar que hay cuestiones que deben mantenerse.

En cuanto a la inquietud que surge de contemplar si las nuevas metodologías de trabajo permiten transmitir y recibir los instrumentos considerados indispensables en el ejercicio de dicha práctica, se deberá abordar y pensarlo desde la observación propia del fenómeno actual y en dicho contexto, y no en la constante comparación con su método clásico y tradicional.
 
Es conveniente, entonces, cierta adaptación de la clínica convencional que busca reinventarse del tradicional trabajo en el consultorio para una nueva implementación ejercida dentro del espacio virtual. De este modo sigue manteniéndose en observación constante y construyendo siempre en función del beneficio del paciente.
 
Por otro lado, hoy en día, en la práctica terapéutica se observa un cambio en los motivos de consulta respecto del sufrimiento humano y sus pesares. No son los mismos pacientes porque las épocas no son las mismas, por ende las subjetividades tampoco. La situación analítica que se manifiesta es diferente a lo que estábamos acostumbrados. Hay que tener en cuenta las particularidades de los tiempos que corren.

Se debe evitar no obturar los beneficios que puede arrojar esta nueva modalidad de intervención terapéutica. Utilizar el espacio intrapersonal que habilita el proceso junto al uso de los instrumentos tecnológicos de comunicación, para percibir del paciente tanto su discurso, como así también sus silencios, omisiones, y todo aquello que pueda emerger mediante el método utilizado.

El psicoanálisis actual tiene que saber hacer con las nuevas circunstancias. Abrir la posibilidad de amplitud de potenciales caminos. Y entender con ello que es positiva cierta flexibilización, siempre y cuando en dicha acción, no desaparezca su esencia.