PSICOLOGIA

Esclavos del scroll: la existencia real está afuera de las pantallas
Desde ese primer clic que enciende nuestra pantalla, entran en juego en perfecta consonancia ciertas funciones de nuestro cerebro y el sofisticado diseño de las aplicaciones de nuestro celular. Consejos para evitar el scrolling compulsivo.
 
Por Redacción
10 de diciembre de 2025
Gentileza.
 

Angélica Venier, licenciada en psicología, dice que lo primero que hay que entender es que el impulso de agarrar nuestro celular y encender la pantalla, que desencadena el scrolling, es automático. No somos conscientes de él porque hemos construido ese hábito por un largo periodo de tiempo.

Desde ese primer clic que enciende nuestra pantalla, entran en juego en perfecta consonancia ciertas funciones de nuestro cerebro y el sofisticado diseño de las aplicaciones de nuestro celular.

La profesional, que tiene su consultorio en la clínica NOA de San Martín, explica que la capacidad de socialización fue, en otros tiempos, una ventaja evolutiva para los seres humanos. Toda nuestra habilidad para establecer vínculos de manera colaborativa es lo que nos ha traído hasta donde estamos hoy.

Entonces, si somos seres sociales por naturaleza, ¿en qué lugar nos deja el hecho de que nuestra experiencia vital, en muchos aspectos, quede reducida a ser mediada por pantallas?

Hoy nuestra existencia se diluye detrás de un filtro luminoso que decide lo que vemos, lo que sentimos y a qué le otorgamos valor.

Los vínculos se reducen a una notificación; la emoción, a unos segundos de atención. Y, en muchos casos, queda poco espacio para la vivencia y la “conexión” real. El mal de las mal llamadas “redes sociales”.

Nada de esto está diseñado de manera inocente. No es únicamente entretenimiento ni una sana distracción: es un mecanismo que nos domestica, nos anestesia y nos priva de la voluntad. Como toda adicción, ofrece gratificación inmediata. Y, aunque se presente de forma masiva y normalizada, no deja de ser menos peligrosa. Este placer instantáneo, más temprano que tarde, empieza a dejar sus secuelas.

Suponemos que tenemos el dominio de nuestros dispositivos, pero son ellos quienes deciden cuánto de nuestra vida les entregamos. Nos adiestran y nos utilizan; determinan el valor de nuestros intereses, nuestras emociones, e incluso nuestras relaciones. Nos alejan, nos separan. Estos avances deberían servirnos a nosotros, no que nosotros seamos funcionales a ellos. No te autoengañes: la primacía del aislamiento facilita el control.

Nuestro tiempo es valioso, y no es infinito, aunque actuemos como si nunca se fuera a agotar. De manera ingenua, no reparamos en cuánto lo desperdiciamos en el scroll interminable, ese vacío digital que promete pero no devuelve; solo quita.

Las redes sociales están acabando con toda posibilidad de un modelo relacional auténtico. Al mismo tiempo, nuestra capacidad cognitiva se ve desbordada por tanta sobreestimulación y exceso de información. La adaptación es constante mientras la velocidad con la que todo se mueve, tarde o temprano, nos pasará factura.

Poner un límite y retomar algo de mando no es una sugerencia: es casi una urgencia. Se trata de recuperar nuestra humanidad.

Las redes nos llenaron de imágenes y ruido, pero nos arrebataron la palabra. Nos convierten, poco a poco, en espectadores silenciosos y pasivos; ya ni siquiera de nuestra vida, sino de una simulación artificial.

Cómo evitar el scrolling compulsivo

  • Tiempo lejos de la pantalla

“Tener ciertos rituales que te separen de tu celular es siempre de gran ayuda”, afirma Venier. Según ella, ha habido un montón de investigación sobre cómo un ejercicio tan sencillo como salir a caminar sin tu teléfono puede tener un gran impacto.

Y no solo lo es porque te impide usar tu teléfono durante ese lapso, sino también porque te ayuda a poner tu atención en lo que hay a tu alrededor, ejercitar otras funciones del cerebro y ser consciente de cómo te sientes dejando tu teléfono atrás.

Crear el hábito de no permitir celulares en la mesa cuando estás con tu familia o tus amigos también es ideal, porque así no depende solamente de ti, sino que alguien más te va a recordar que no es momento de usar tu celular. Y tener un refuerzo visual de esa regla, como una canasta para poner los celulares antes de comer, puede hacerla aún más efectiva.

En general, cualquier esfuerzo consciente de separar en tu rutina el tiempo con celular del tiempo sin celular puede ayudarte a evitar scrollear sin sentido y por defecto.

  • Interactuar con el mundo físico

Hacer pequeños cambios en tu rutina para hacer las tareas que haces en tu celular sin usar tu celular también puede ayudarte a tener una relación más saludable con el scrolling.

Hay estudios que han demostrado una gran diferencia entre las personas que usaban relojes y las que usaban su celular para ver la hora. Aquellas que usaban su celular para ver la hora, se quedaban atascadas scrolleando.

  • Controlar el impulso

Pocas veces cuando sentimos el impulso de entrar a una aplicación a scrollear o cuando ya llevamos horas haciéndolo, nos detenemos a pensar por qué lo estamos haciendo o qué tan satisfechos nos sentimos con esa decisión.

Tratar de ser más conscientes de nuestras decisiones, de cómo nos estamos sintiendo y de cómo funciona nuestra mente en esos momentos es una intervención poderosa que podemos hacer.

“El impulso de agarrar el teléfono es como tener un antojo. Te das cuenta de que tu cuerpo comienza a anhelarlo. Se necesita mucha práctica y responsabilidad para controlar esos impulsos. Las personas que logran hacerlo notarán que son capaces de mantener su atención y tener experiencias fuera de su pantalla que harán su vida más rica y significativa. La existencia real está afuera, es ese mundo que estamos dejando de mirar. Atreverse a transitarlo como antaño es el desafío”, concluye Venier.